dijous, 28 de febrer de 2008

SR. RAJOY...




Es un error creer que las personas aciertan por su éxito, generalmente ocurre todo lo contrario: aciertan por sus contrariedades. La Universidad, la ideología, los preceptos, la instrucción, los consejos, no enseñan tanto como una contrariedad.
Cuando la voluntad de una persona esta sujeta a un sentimiento permanente del deber, cuando éste es firme, enérgico, impertérrito y dirigido por las razón, permite al hombre proseguir su empresa con valentía y cumplir sus propósitos a pesar de las dificultades y las trabas. Y si su fin, actuando de esta manera, acaba sin éxito, a este hombre su conciencia le recordará, consolándole, que ha fracasado cumpliendo con su deber.


En 1713, el filántropo y escritor francés abate Saint-Pierre, que dedicó su vida al encuentro de los ideales de progreso y a la defensa de la razón, publicó su “Proyecto de Paz Perpetua”, el cual proponía a los presidentes de todas las naciones (de Europa) antes de apelar a las armas, hacer uso del diálogo para así exponer sus agravios y exigir justicia. Saint-Pierre conservó hasta el fin su amor a la verdad y su libertad de palabra. Fracasó.


La “Alianza de Civilizaciones”, es el nombre por el que se reconoce la propuesta de Zapatero que invita a la concordia entre el mundo occidental y el musulmán, con el fin de combatir el terrorismo internacional por otro camino diferente al de las armas en favor del diálogo cultural.
Para Uds., Sr. Rajoy, éste proyecto ya es un fracaso, pues lo consideran un plagio del que lanzó Jatami el 98, finiquitado tras los atentados del 11-S. Además, no dudan en decir que se trata de una iniciativa para mayor gloria de Zapatero, que no busca otra cosa que no sea condenar la política antiterrorista de los anteriores gobernantes.


El diálogo del gobierno Zapatero con ETA (auque sea otro plagio de la era Aznar), no ha servido sino para dar a conocer por parte de su partido, lejos de una voluntad política de cooperación en nombre de la paz y el bien común de la ciudadanía en un asunto tan grave y de urgente solución, su único objetivo: arribar a las elecciones intencionadamente distanciados de todos, seguramente, digo yo, infatuados por su fabulosa vocación de genios políticos que les autoriza el poder acusar y juzgar a la vez. Triste camino, Sr. Rajoy.


El debate colaboracionista entre ideologías debería ser un ejercicio para la democracia, pero ocurre, desgraciadamente desde inveterados tiempos, que los dogmas impiden advertir la razón inherente en la diversidad social. Los dogmas, Sr. Rajoy, son el refugio de la presunta infalibilidad, y Uds., que no reconocen sus equivocaciones (porque no creen equivocarse, se creen infalibles), dan a entender ser los únicos depositarios de la verdad y del derecho a través, digo yo, de sus grandes y profundos conocimientos aplicados a la política.
Las ideologías siempre han tratado de conducir al ser humano hacia un futuro mejor a través del progreso, pero es menester hacer uso del respeto, la tolerancia y la comprensión entre ellas para que fluyan sus proposiciones y sus pragmáticas en nombre del bien común.


El mundo es diverso y España también lo es, por ello, cuando Uds. apelan políticamente al “patriotismo español” como atributo representativo de “todos” los españoles, olvidan que la riqueza cultural de este país llamado España viene dada por las patrias que lo conforman, no están respetando la razón de la diversidad porque su particular “dogma nacional” lo impide. A partir de aquí, todo nacionalista (cultura y libertad de un pueblo) que reclame democráticamente el derecho a vivir social, política, administrativa, legislativa y judicialmente con las particularidades de una herencia cultural conformada por las circunstancias históricas, es un traidor de España, y todos aquellos políticos que, al menos, reconocen este derecho, son unos insensatos que quieren obtener ventajas partidistas si España se desgaja... ¡Se desgaja! Éste tono dialéctico solo puede surgir de una insuperable torpeza.

No, Sr. Rajoy, ETA no esta en mi mente. Ninguna causa en el mundo merece una gota de sangre. Ningún ser humano tiene derecho a quitarle la vida a otro, estos actos solo son propios de bestias salvajes que degeneran el género humano, bestias que merecen del peso perpetuo que la justicia les imponga.
La convivencia en este país, Sr. Rajoy, pasa por el reconocimiento, el respeto y la admiración de sus pueblos y sus culturas. La democracia, que siempre se adapta a las peculiaridades de una sociedad, en España, no lo dude Ud., llegará a dar ejemplo en su pluralidad social siendo, en esencia, garante de convivencia entre culturas en nombre del derecho, la paz y la libertad.
Las mejores causas han tenido que luchar siempre contra grandes obstáculos, y esto, Sr. Rajoy, Zapatero da muestras de saberlo bien. Un político debe preferir ser justo antes que bueno, y justo es aquel que es sensato en toda situación.
Tocqueville decía que solo existe un gran fin en este mundo que es digno de los esfuerzos del hombre: es el bien de la humanidad. ¿Sabe? Al final las ideologías no sirven para nada si el que las representa no es una “buena persona”.

Y yo me pregunto: si Ud., Sr. Rajoy, se considera una buena persona, ¿Cómo se atreve a responsabilizar a Zapatero del atentado de Barajas? ¿Cómo se atreve a ubicarlo públicamente entre ETA y sus bombas? ¿Ha intentado Ud., con meridiana claridad, ponerse en su lugar?


La prepotencia y la soberbia solo sirven para dar a conocer esa parte de morosidad que sufren los negocios humanos.